Decía Mafalda que todo lo bueno de la vida despeina. Viajar, también.

Mundaka con bebé, nuestro primer viaje como familia

Mundaka con bebé, nuestro primer viaje como familia

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Cuando nuestro hijo mayor tenía 8 meses decidimos que ya era hora de viajar un poquito más allá de ir a ver a la familia a Valladolid.

Dado que era el primer viaje más largo del peque quisimos un destino tranquilo pero que tuviese un poco de todo: naturaleza, ciudades cerca y por supuesto buen comer y beber.

Y nos decidimos por Mundaka como base de operaciones, y desde ahí hacer un poco de turismo por la zona. El viaje por carretera fue muy bueno. El peque nos demostró que lo de ir en coche no suponía un problema para él, y una vez llegamos a destino tampoco extrañó para nada su nuevo hogar temporal ni la cuna que nos prepararon con mimo en Apartamentos Mundaka.

No podíamos haber elegido mejor base de operaciones. Un pueblo precioso que fuera de temporada surfera era supertranquilo. Ideal para pasear con un peque y muy cercano para todas las excursiones que hicimos.

Qué ver en Mundaka con bebé y otras opciones cercanas

No fuimos nada ambiciosos en este primer viaje como veréis. Nada de largos itinerarios ni excesivos desplazamientos. Íbamos en modo prueba y con algunos miedos que fuimos disipando. Dado que aún teníamos que ir con el carrito ( no era muy amigo del porteo) elegimos sitios con accesibilidad y un ritmo muy tranquilo, que fuimos aumentando a medida que vimos la respuesta del peque viajero.

Mundaka con bebé

La leyenda atribuye el nombre de Mundaca a la expresión latina munda aqua (agua limpia). Esta leyenda aparece en la Crónica de Vizcaya escrita por Lope García de Salazar en el siglo XV.

Situada en el extremo norte de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, la localidad cuenta con dos excepcionales miradores en el alto de Portuondo y en la atalaya del pueblo, desde los que se pueden apreciar los arenales y la desembocadura de la ría de Mundaca, y es punto de partida del sendero que remonta la ría hasta Guernica y Luno.

La ola de Mundaca está considerada una de las mejores  del mundo, con una longitud que puede alcanzar los 400 m, por ello es un destino muy conocido por los surferos.

Además podéis ver la Iglesia de Santa María, el Casino y la cruz del Calvario. Disfrutar del pequeño puerto y del mirador de la Atalaya.

Mundaka con bebé
Cruz del Calvario

Y por supuesto tomar algo en los bares del pueblo (una ruta de pintxopote) y curiosear en las tiendas de surf.

Es un pueblo bastante tranquilo fuera de temporada veraniega y fue una de las razones por las que lo elegimos para nuestro primer viaje familiar, además de su proximidad a otros lugares de interés sin mucho trayecto en coche.

La ermita de Santa Catalina

Un agradable paseo hasta uno de los sitios más encantadores que hemos visto en la costa guipuzcoana. Me consta que es un sitio elegido para muchas ceremonias y no me extraña, esas vistas son un lujazo.

El edificio deslumbra por su altura, en comparación con lo pequeña que es y, por su espadaña: el huequito por donde se cuela la única campana que tiene. El acceso a la parte trasera, una zona perfecta para ver el mar, se puede hacer por sus dos costados, pero la mejor sin duda es pasando por el romántico arco que veréis justo a su derecha.

A pesar de que ha tenido muchas transformaciones durante su vida, sigue manteniendo un estilo entre el gótico y el renacimiento.

mundaka con bebé

Bilbao y su ría

Estando tan cerca no podíamos dejar pasar la ocasión de volver a Bilbao y enseñarle Puppy al peque.

Una vez en Bilbao y aunque el tiempo no acompañaba mucho nuestras opciones para pasar el día fueron:

Pasear por las siete calles (Barrenkale) haciendo un pintxopote.

Pasar la tarde en el Guggenheim: museo de arte contemporáneo diseñado por el arquitecto canadiense Frank O. Gehry.

Paseo contemplando la Ría y el pasado industrial de la ciudad.

Y no se puede olvidar el Teatro Arriaga: edificio neobarroco de finales del siglo XIX, obra del arquitecto Joaquín de Rucoba.

Mundaka con bebé
Teatro Arriaga

Con algún chaparrón incluido que estamos en el Norte y  ya se sabe, no os dejéis la burbuja en casa.

La casa de Juntas de Gernica

Tristemente famosa por el bombardeo de la Guerra Civil pero también sede del máximo órgano institucional de Bizkaia. La Casa de Juntas de Gernika se levanta junto al mítico Árbol, símbolo de todos los vascos y punto de encuentro de los junteros del Señorío de Bizkaia desde la Edad Media.

El edificio, de estilo puramente neoclásico, se construyó entre 1826 y 1833 bajo la dirección del arquitecto Antonio de Etxebarria. Hasta la fecha, las juntas se celebraban en la ermita de Santa María de la Antigua, pero posteriormente fue demolida para acometer la construcción del nuevo edificio, tomando como referencia la primitiva iglesia.

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La Sala de Juntas es el núcleo central de la Casa de Juntas y es el lugar donde actualmente se celebran los plenos de las Juntas Generales de Bizkaia.

El salón está decorado con varios cuadros que retratan a los diferentes señores de Bizkaia y conserva varios elementos de la antigua iglesia, como son el altar y las pilas de agua bendita.

Asimismo, llama la atención la Sala de la Vidriera, destinada para usos propios de la institución. La vidriera, de grandes dimensiones, hace de cubierta y en ella, se hace referencia al Arbol y a las primitivas asambleas.

Precisamente, el Arbol de Gernika está situado en el recinto ajardinado de la Casa de Juntas. Este roble es el símbolo más universal de todos los vascos y acoge importantes actos, como la toma de posesión y el juramento del Lehendakari. 

Mundaka con bebé
Delante del árbol de Gernica

Siempre tuve curiosidad de conocerla y no me defraudó. Visita muy entretenida de hacer y accesible con el carrito.

Bonus track

A la vuelta, nunca está de más hacer una paradita en Burgos para comer en alguno de los restaurantes de la zona antigua.. Y ver la Catedral mientras estiráis un poco las piernas del viaje. La catedral burgalesa fue declarada Monumento Nacional el 8 de abril de 1885 y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el 31 de octubre de 1984.

Fachada catedral de Burgos

Ir a Mundaka con bebé fue un punto de inflexión. Y nos animó a continuar nuestra pasión viajera de antes de ser padres. Vimos que el peque no sólo se adaptaba bien a los cambios, si no que disfrutaba un montón. Por supuesto nos dejamos millones de cosas que ver y hacer pero este viaje fundamentalmente era para ponernos a prueba y parte del éxito creemos que fue ir sin un planning cerrado para adaptarnos a nuestra nueva situación.

Por supuesto, hubo que adaptar el viaje a sus necesidades horarias de comidas, descanso etc. Pero ya vimos que si éramos capaces de viajar con peque, y fue como abrimos la veda a otros viajes de los que habéis sido y sois testigos. El siguiente fue en avión y al extranjero, fijaos si nos gustó la experiencia.



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