Decía Mafalda que todo lo bueno de la vida despeina. Viajar, también.

Qué ver en Tarragona con niños en dos días

Qué ver en Tarragona con niños en dos días

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Tarragona era hasta hace unos días una gran desconocida para nosotros  y creemos que para la gran mayoría de viajeros. En esta escapada de un par de días descubrimos las maravillas que oculta y lo grandioso de su pasado mostrandoos qué ver en Tarragona con niños en dos días.


La herencia romana


Si por algo Tarragona es una ciudad reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO es por su gran pasado romano. 

Tarraco se fundó, hacia el año 218 a. C. y en el marco de la segunda guerra púnica. Lo que comenzó como un asentamiento de las tropas lideradas por Cneo Escipión acabó transformándose en la principal base militar romana en Hispania y, posteriormente, en la ciudad de Tarraco. Durante los siglos II y I a. C. la ciudad creció rápidamente, ya que la presencia militar atrajo no solo soldados, sino también comerciantes y otros ciudadanos que veían grandes posibilidad en los nuevos territorios conquistados.

Tarraco se convirtió así en una de las ciuades más importantes de la Hispania Citerior y consiguió de manos de César el título de colonia. De gran importancia fue la presencia de Augusto los años 26 y 25 a. C. para dirigir la lucha contra los astures y cántabros. Durante este periodo la ciudad fue sede imperial, lo que favoreció un fuerte impulso urbanístico y su transformación definitiva en capital de la Hispania Citerior.

Esta capitalidad hizo de Tarraco una importante ciudad los siglos siguientes (I-II d. C.), cuando vería su momento de mayor esplendor. Tarraco continuó siendo una ciudad dinámica y boyante durante mucho tiempo, una ciudad que vivió la llegada del Cristianismo y de los visigodos.

Esta introducción histórica es importante a la hora de comprender los restos romanos que vamos a visitar, aunque sin duda recomendamos una visita guiada por la Tarragona romana para poder comprender la grandeza de esta capital en la antigüedad.


Muralla

Las murallas de Tarragona son de origen romano y es la primera gran construcción con la que contó la ciudad. Fueron elevadas entre los años 217 y 197 a. C. a base de muros ciclópeos y torres defensivas, de las cuales todavía se conservan tres (Arquebisbe, Cabiscol y Minerva).

A lo largo de los siglos estos muros fueron reparados y modificados en varias ocasiones, de modo que el kilómetro conservado (de los 3.5 kilómetros originales) nos muestra diferentes fases constructivas y estilos arquitectónicos. Destaca, de entre esas modificaciones posteriores, el Portal de Sant Antoni, que data del siglo XVIII.

La muralla se recorre mediante un paseo peatonal de 1 km que transcurre paralelo a las antiguas murallas romanas.

El paseo tiene exposiciones, jardines, cañones, esculturas y varias torres medievales, además de la inscripción romana más antigua fuera de Italia.

La entrada se puede adquirir en la misma muralla al precio de 3.30 euros (2021). También se puede combinar con la entrada a otros recintos históricos de Tarragona.

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Placa con el esquema de la muralla

Circo y pretorio

El circo se elevó a finales del siglo I d. C. y formaba parte del foro provincial ocupando la terraza inferior. El edificio se levantaba sobre un sistema de bóvedas de opus caementicium que, a la vez que sustentaba el graderío, permitía la circulación interior. El edificio se encuentra en un excelente estado de conservación y son visibles muchos de sus elementos originales. Impresiona ver tanto el estado de conservación que permite el paseo por su interior como lo grande que era.
En la actualidad se visita solo una parte ya que buena parte de la estructura sigue oculta bajo edificios del s.XIX aunque algunos se pueden visitar en tiendas y restaurantes que han aprovechado su ubicación singular.

Se cree que el circo original alcanzaba 325 m de largo y 115 m de ancho y que podía albergar cerca de 30.000 personas. En el interior podréis ver varias galerías abovedadas, los restos de una puerta triunfal, etc.

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Sistema de túneles subterráneos con estancias varias

Anfiteatro romano

Entre las cosas a hacer en Tarragona con niños en dos días no puede faltar una de las imágenes más famosas de la ciudad , el anfiteatro romano a orillas del Mediterráneo. Que bien se lo montaban estos romanos.

Se trata de un edificio de forma oval construido en el siglo II , cuyas gradas se excavaron en la roca. El anfiteatro tenía capacidad para unos 14.000 espectadores. En su interior se celebraban las luchas de gladiadores (y gladiatrix como nos explicaron en la visita) con fieras y también las ejecuciones públicas.

En el año 259 quemaron vivos al obispo Fructuoso y a sus diáconos Augurio y Eulogio. En el siglo VI se construyó en su interior una basílica visigótica, sobre la cual se levantó la iglesia medieval de Santa María del Miracle. Y ahí sigue, haciendo un efecto supercurioso en medio de la arena del anfiteatro.

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Ruínas de la iglesia en el interior del anfiteatro

Maqueta de Tarraco

El acceso a la Maqueta de Tarraco es gratuito, observar esta maqueta os ayudará a entender cómo era la ciudad romana.

El modelo muestra la ciudad en el siglo II d.C., en el momento de su máxima expansión y apogeo. Fue realizada a escala 1: 500 y tiene unas dimensiones de 18m3, convirtiéndose así en la segunda maqueta del mundo romano más grande de Europa, sólo superada por la de Roma.

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Maqueta
Fuente: Turismo Tarragona

Catedral de Santa Tecla

Se utilizó el emplazamiento y algunos restos de la denominada área sacra de culto imperial romano, construida durante el siglo I d.C y que albergaba, según determinados arqueólogos, una gran plaza y el templo del emperador Augusto. Sobre este lugar, y a partir del año 475, debió erigirse la primitiva catedral visigótica de la que no existe vestigio alguno al ser demolida con ocasión de las invasiones musulmanas del año 711.


La Catedral fue consagrada el año 1331, siendo arzobispo de Tarragona y Patriarca de Alejandría, el Infante Juan de Aragón. Es considerada, por su grandiosidad y solidez, la primera catedral de Cataluña. Sus naves laterales alojan, entre los contrafuertes, capillas que muestran la evolución arquitectónica y estilística del recinto catedralicio.

Entre estas capillas destaca la de la patrona Santa Tecla por su originalidad.

Y como siempre, nos maravilló el claustro, que exploramos a nuestras anchas, incluso pudimos saludar a las tortugas de uno de los estanques (pero mejor no les acerquéis un dedo)

La entrada cuesta 5 euros los adultos y 3 menores entre 7-13 años. Podéis comprarlas en la página web de la catedral o allí en la entrada.

Paseo maritimo

Aunque el objetivo de nuestro viaje no era playero, es imprescindible darse una vuelta al menos por la playa urbana de Tarragona y disfrutar de su paseo marítimo. Podéis haceros unas fotos chulas en el Balcón del Mediterráneo y tocar ferro para aseguraros volver a Tarragona en el futuro.

Descubre Tarragona

Barrio del Serrallo

Siguiendo el paseo Marítimo llegaréis al barrio de pescadores, el Serrallo. Allí se subasta por la tarde el pescado que se pesca durante todo el día. Se trata de un área pintoresca, con su propia personalidad y con restaurantes con encanto, si vais en verano como nosotros, es un sitio genial para cenar cerca del mar, hay mucha variedad de establecimientos.

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Entrada a la zona del Serrallo

Plazas y ramblas

Algo que nos gustó mucho durante nuestra estancia fue el ambientillo de las plazas de la parte alta (el casco histórico). Al ser en su mayor parte peatonal, es un lugar ideal para tomar algo fresco y descansar entre visita y visita. No os perdáis la Plaza de la Font (donde se ubica el Ayuntamiento), Plaza del Fòrum y la Plaza del Rei, en algunas hasta podréis disfrutar de restos romanos mientras descansáis.

La Rambla Nova vertebra buena parte de la zona histórica y además es zona de movimiento comercial, pasaréis por ella en más de una ocasión.

Ayuntamiento al fondo. En la plaza puertas blancas entreabiertas clavadas en el suelo.
En la plaza de la Font había este curioso montaje de puertas para promocionar un bono cultural

Mercado central

Ya sabéis lo que disfrutamos de los mercados y si se puede conocer uno nuevo, cómo nos lo íbamos a perder. El mercado central de Tarragona, que también cuenta con una plaza con terrazas (y párking) fue construido en 1915. Digno representante modernista que ha reabierto sus puertas tras una importante reforma. Aquí encontraréis mucho producto fresco, especialmente pescado y especialidades de la zona.

No os podéis perder su nuevo reloj carrillón:

Cada día, siete figuras del cortejo popular de Santa Tecla bailan al son del pasodoble Amparito Roca (el himno de las fiestas de Santa Tecla en Tarragona), en la fachada principal del edificio.

Lo hacen a las 12 h y a las 18 h durante todo el año, y en un tercer pase a las 20 h durante los meses de verano. Nos pareció super curioso y divertido de ver y se lo agradecemos a la amiga que nos pasó el dato :-). No ponemos el video para que sea sorpresa cuando lo veáis.

Consejos para disfrutar en Tarragona con niños en dos días

Podemos decir que aunque nos dejamos algunas cosas de ver, Tarragona con niños en dos días permite una visita bastante completa a los monumentos principales y por supuesto a saborear sus rincones, aunque de eso nunca nos quedamos hartos.

Si disponéis de más tiempo otra visita imprescindible es el Museo y necrópolis Paleocristianos, que nos hemos dejado para la próxima visita.

Para llegar a la ciudad podéis ir en coche o en tren de alta velocidad, nosotros aprovechamos la oferta de Ouigo. Tenéis que tener en cuenta que la estación no está justo en la ciudad si no que tendréis que coger un autobús o un taxi (unos 25 euros) hasta la ciudad. Si vais en coche lo mejor es dejarlo en alguno de los parkings cercanos a la muralla.

En cuanto al alojamiento, aunque sea algo más caro, no dudéis en cogerlo en la parte alta, nosotros estábamos en plena muralla y llegamos andando a todos los puntos del post.

En verano hace bastante humedad y calor, hay muchas fuentes públicas en las que rellenar la botella de agua.

Es una ciudad que apuesta por la accesibilidad, vimos rampas, carteles en braille y en general bastantes medidas para que fuese lo más cómodo para todo el mundo.

Hay mucha oferta para comer y la mayoría de restaurantes cuentan con tronas y cambiadores.

Por último deciros que nos pareció una ciudad super acogedora, la gente amable y que sin duda volveremos para disfrutarla de nuevo.

nosotros cuatro frente a la catedral



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